Jennifer Lawrence, Ariana Grande, Kate Upton, More Celebs Have Alleged Nude Photos Leak In Massive Hack

libey:

Apple sufre un ataque masivo y roban imágenes de celebridades [ENG] -> Fotos:

  1. Kate Upton: (1)http://i.imgur.com/uhfwYp5.jpg[13]  
  2. Lea Michele (1)http://i.imgur.com/rOCu45A.jpg[14]  
  3. Lady Sybil: (1)http://i.imgur.com/hFuYYik.jpg[15]  
  4. Ariana Grande: (1)http://imgur.com/BwJiDIg[16]   (2)http://imgur.com/a/v8KMz[17]   (album)
  5. Kirsten Dunst: (1)http://imgur.com/a/7hhXe[27]   (album) (2)http://imgur.com/a/mDr1Q[28]   (album)
  6. Becca Tobin: (1)http://imgur.com/iOKAgMn[29]  
  7. Jessica Brown Findlay: (1)https://mediacru.sh/1kTX0cLukqGJ[30]   (video) (2)https://mediacru.sh/irb1NDIA_tyo[31]   (video)
  8. Hope Solo: (1)http://i.imgur.com/LsbBcOO.jpg[32]  
  9. Mary Elizabeth Winstead (1)http://imgur.com/a/X4saz[38]  

31 Agosto 2014 ·

Un viejo que se pone de pie, de Eduardo Sacheri

Un texto futbolero hermoso que lei una vez viajando en el metro. Siempre me dio muchísimo sentimiento y me hace pensar en esa gente que se va y la cual las cosas más felices que compartían terminas convirtiéndolas en un luto.

Dedicado hoy a Tito Vilanova:

Algunas historias son fáciles de contar. Otras no. Como si fuesen demasiado complejas, huidizas, inabarcables. La que en estas páginas me empeño en narrar pertenece a estas últimas.

Como casi todas las historias nace a partir de una única imagen, cargada de sentido. Esa imagen primera, esa que me subyuga al punto de querer contarla es ésta: en una tribuna baja, una tribuna de tablones de madera, en la que, salteados aquí y allá, hay unos cuantos espectadores, un hombre mayor, un viejo, se pone de pie.

Claro: escrito así no dice casi nada. No explica quién es el viejo, ni qué es lo que lo conduce a incorporarse del tablón en el que está sentado, ni por qué es importante que lo haga, eso de levantarse con los ojos absortos clavados en la cancha, con los ojos absortos y húmedos.

La historia debe explicar todo eso, o de lo contrario conduce a un callejón sin salida en el que no dice nada. Y no hay peor destino para una historia. El problema radica precisamente en el modo de juntar esa imagen, la del viejo alzándose desde la grada, con las otras imágenes que deben encadenarse con ella para formar una trama y que haya cuento. Ni más ni menos.

El primer obstáculo con el que me topo es decidir quién contará la historia, o sea, la dichosa cuestión de la voz del narrador. ¿Quién relatará los sucesos que conducen al viejo y a esa acción final del viejo? Podría contarlos el propio anciano, porque hay asuntos, algunos muy importantes, de los que le dan sentido a esta historia, que sólo él conoce. Pero el desenlace de la historia tiene que ver con el asombro, con la sorpresa infinita del viejo, y entonces ese hombre no puede narrar su propio asombro. Porque al asombro no le quedan bien las palabras. Casi me atrevería a decir que es al contrario. El asombro aparece cuando se retiran las palabras. Como la marea, o como el reflujo de una ola, que al bajar deja la arena lisa sin otra cosa que ella misma, sin nada más que la arena lisa. Claro que en algún momento, más tarde o más temprano, las palabras vuelven. Y cuando eso sucede el asombro ha terminado. Cuando somos capaces de encontrar explicaciones, o por lo menos de buscarlas echando mano a las palabras, ya no estamos asombrados. Podemos estar conmovidos, felices o dañados, pero ya no asombrados.

Por eso el viejo que se pone de pie en la tribuna —agreguemos que lo hace bajo un cielo gris, un cielo de siesta de sábado de mayo —, aunque sabe —y porque sabe puede ponerle palabras a buena parte de la historia—, no puede hacerse cargo del final, porque ese final lo deja sin palabras.

Ninguno de los otros personajes sabe tanto de esta historia como el viejo, y si hay cosas que hasta el mismo viejo ignora, no me queda más que acudir a un narrador omnisciente. Que como van las cosas vengo a ser yo mismo, metido a tal. Y en general no me agradan gran cosa los narradores omniscientes, sobre todo en las historias cuyo desenlace guarda al menos una módica dosis de sorpresa. No me cae bien alguien que al mismo tiempo me cuenta y me esconde, me dice y me engatusa, hasta que a último momento se sincera. Un desencanto parecido al de los trucos de magia: un navegar fallido entre las dos aguas de la verdad y de la inocencia.

Otra cuestión espinosa es la del manejo de los tiempos. También con eso me encuentro en un apuro. Se supone que un cuento transcurre en un lapso no demasiado prolongado. No es bueno que la trama abarque un período demasiado extenso, o que abuse de los saltos temporales. Pero esta historia requiere esos recursos del ir y del venir y del detenerse en varias estaciones intermedias. No es que la trama carezca de un tiempo presente. Tiene un presente: efímero, pero lo tiene. Es el del anciano, en el exacto momento en que se pone de pie. Pero son varios los pasados que le dan origen y sentido a ese breve presente. Si esos pasados no están, no tengo idea de cómo suplirlos. Y si no puedo acudir a ellos, esto que estoy escribiendo es cada vez menos un cuento y es cada vez más otra cosa que en el fondo no sé lo que es.

Con los personajes el aprieto no es tan grave, y si los cánones del cuento clásico establecen que los personajes deben ser pocos esta historia acepta bien esa limitación. Los personajes principales son dos: el viejo en la tribuna y un muchacho que juega al fútbol, al otro lado del alambrado. Hay varios ausentes. Varios que han sido pero que ya no son. Unos cuantos fantasmas que sueldan esos pasados dispersos, lejanos y cercanos y necesarios a la trama, con el presente del sábado a la tarde en el momento en que el viejo se pone de pie.

Del viejo pueden decirse unas cuantas cosas. Unas cuantas más de las que pueden decirse del muchacho. Por algo el viejo es el núcleo sobre el que debería descansar el relato, si se me desanudan las manos y las ideas y consigo a fin de cuantas escribirlo. Él, el viejo, es el paño sobre el que se cruzan los hilos cosidos por diferentes destinos.

Empecemos diciendo que el viejo ese que escruta la cancha con el ceño fruncido —porque aunque está nublado se trata de un nublado claro y desvaído, de frío más que de lluvia, un nublado con reflejo de sol que le fatiga la vista—, carga sobre sus hombros una historia dolorosa. Iba a agregar, después del calificativo «dolorosa» y de una coma, «como todos los hombres, o por lo menos como todos los viejos». Pero ahora no estoy del todo seguro de esa sentencia. ¿Por qué iba a escribirla? ¿Por qué me arrepentí? Supongo que me resulta torpemente tranquilizador suponer que el dolor es algo que se reparte con criterio más o menos igualitario, y que cada ser humano se lleva una dosis más o menos equivalente. Que unos sufren primero y que otros sufren después, pero que a fin de cuentas a todos nos corresponde sufrir más o menos lo mismo. Aunque sea una idea torpe, supongo que la prefiero porque su contraria es inquietante: pensar que estamos destinados a sufrir mucho más que nuestros semejantes, que puede tocarnos precisamente a nosotros la peor parte en una distribución azarosa y desigual de tragedias, es un principio angustiante. Suponer que existen personas particularmente señaladas por el dolor suena a injusto, a abusivo, a caprichoso. Y debe ser así, salvo que alguien nos venga con la novedad de que el mundo es un sitio justo, equilibrado y ecuánime.

De todos modos mi divagación no hace al caso. Baste asentar aquí que este viejo, el de la historia, el que está sentado en el vigésimo tablón de una grada que en total tiene menos de treinta, el que todavía ignora que terminará por ponerse súbitamente de pie, ha sufrido mucho; y «mucho» significa aquí que le ha tocado atravesar la pena sin nombre de perder a un hijo. Muchos hombres viven y mueren sin que les ocurra eso. Este viejo, no. Este viejo ha sido atravesado por ese dolor horrendo y particular. También por otros, pero fundamentalmente por ése.

Eso no significa que el anciano viva recordando su dolor: ése o los otros. Tiene recuerdos tenebrosos, pero no son los únicos que tiene. También tiene numerosos recuerdos bellos y plácidos. Y a veces evoca esos recuerdos y no los otros. Y a veces no recuerda ninguno, porque su mente está ocupada con cosas sencillas y triviales, de esas que pueblan las compañías y las soledades.

Es muy posible que este sábado en que lo tenemos al viejo sentado en la tribuna pertenezca a esa categoría de días simples y corrientes. Y en la sencillez hay sitio para placeres igual de sencillos. Ese partido, por ejemplo, que el viejo disfruta desde la grada. Un partido entre muchachos que todavía no tienen edad de profesionales. No sólo les falta edad de tales, puede pensar el viejo, mientras mira. El viejo sabe de fútbol, y sabe detectar el talento, las condiciones, la predisposición. Y también sabe advertir su ausencia. Por eso para el viejo es evidente que muchos de esos chicos que juegan un preliminar, mientras la gente llega de a poco y sin apuro para ver un partido de la Liga Regional, no se convertirán jamás en profesionales. Terminarán trabajando en las chacras o en el pueblo, pero no podrán vivir del fútbol. Los mejores se darán el gusto de jugar en la propia Liga, y cumplirán el sueño de jugar por algo, y hacerlo en una cancha con tribunas y una hinchada, escuálida pero animosa, y eso será todo.

Muy excepcionalmente alguno escapará a esa medianía y logrará convertirse en jugador profesional. No lo conseguirá allí, claro. No en ese pueblo. Para lograrlo deberá irse a alguna ciudad con las espaldas suficientes como para aguantar un equipo en el Nacional, o en el Torneo Argentino con aspiraciones de ascender. Estará ausente unos años. La gente del pueblo, mientras dure su ausencia, buscará su nombre en la página del suplemento de deportes del diario del domingo. Y en algún momento volverá a casa, y terminará trabajando en las chacras o en el pueblo.

Difícilmente trabaje en el regimiento. Porque aunque, lindero con el pueblo, se encuentra el regimiento del ejército, es difícil que los dos —el pueblo y el regimiento— se mezclen demasiado. Es verdad que los del regimiento están, en cierto modo, dentro del pueblo. Pero al mismo tiempo, no. En algún sentido están adentro, pero en otro están afuera. Por empezar porque a los militares que lo habitan los trasladan cada tanto, y nunca dejan de ser un poco forasteros. Pero no es sólo una cuestión de rotación de personal. Ni es sólo el alambrado que rodea el perímetro del cuartel. Ni las garitas. Es algo que flota en el aire cuando están y cuando no. Cuando están presentes, se los saluda con cortesía, aun con amabilidad. Pero cuando no están la cosa es diferente. Como si el aire se moviese más. Por algo en el pueblo se refieren a ellos como «los milicos». Nunca delante de ellos. Pero cuando no están, cuando acaban de irse de los lugares, sí.

El viejo, desde donde está sentado, podría ver, si quisiera, el regimiento. Está un poco lejos, porque la cancha queda al oeste de la rotonda y del camino de acceso, y el cuartel está del otro lado de esa línea recta y gris del asfalto que viene de la ruta. Pero en las dimensiones de ese pueblo, «lejos» no lo es tanto. Por eso el viejo, si alzara la cabeza y aguzase la vista, vería las líneas grises y horizontales de los techos de las barracas, las manchas claras y regulares de las casas de los suboficiales, el verde del campo de tiro, la torre de agua. Podría ver todo eso pero no lo hace. No le agrada mirar para ese lado. Si hubiese una tribuna que le diese la espalda a ese horizonte, probablemente el viejo la utilizaría. De todos modos no hay, y la que existe le da las espaldas al oeste para que a los espectadores no los moleste el sol de la tarde. El viejo podría quedarse junto al alambrado, a la altura del césped, pero no lo hace. Antes sí. Pero de eso hace muchos años. Ahora el viejo mira siempre desde la tribuna, y lo cierto es que desde allí arriba el partido se ve mejor. Por eso está ahí arriba, mezclado con otros veinte o treinta espectadores. Los demás son familiares de los jugadores. Por eso la tribuna está casi vacía. A la hora del partido principal la cosa será distinta. Este año el pueblo ha formado un equipo bastante bueno para el torneo Regional, y anda derecho, y por eso el público acompaña.

Entre las piernas el viejo tiene una botellita de agua y un envoltorio de papel con un sándwich de salame. Tiene pensado almorzar en el entretiempo de ese partido preliminar. Siempre lleva lo mismo. Le encanta el sabor del pan con el salame. Y el agua es para bajarlo. Aparte el médico le dijo hace poco que tiene que tomar más líquido y el viejo es un paciente dócil y le hace caso.

Una vez, cuando vivía en Santa Fe, un policía quiso sacarle la botella de agua en el acceso a la cancha de Colón. El viejo, que entonces era un poco menos viejo, se lo había quedado mirando sin comprender, y el otro le dijo algo de prohibir los proyectiles en la cancha. Pero por suerte había intervenido otro policía, que lo conocía y que le dijo al primero que lo dejara pasar, que con ese señor no pasaba nada. Eran los años en que, por vivir lejos del pueblo, había tenido que prescindir de esa cancha y esos partidos. Se las había rebuscado con Colón y con Unión, pero no era lo mismo. Al viejo le gustaba esa cancha. Esos partidos. Ese salame. Aunque últimamente las urgencias de orinar lo asaltaran de repente y lo obligasen a bajar de la tribuna dos o tres veces en un rato. Maldita próstata. Menos mal que la tribuna era tan chica, porque podía ir y volver enseguida. En la cancha de Unión, o en la de Colón, hubiera sido un problema.

También por eso, estar de vuelta en el pueblo es una suerte. Porque para el viejo esos diez años en Santa Fe han sido vivir en un exilio. Su mujer había insistido en irse, después de lo de Lito, y el viejo había aceptado. En realidad había dicho «quiero irme para siempre de este pueblo de mierda». Y el viejo había respondido que sí.

Por eso fueron a Santa Fe y vivieron diez años allá. Pero cuando murió su mujer, el viejo decidió pegar la vuelta. No para contradecirla, sino para hacerle caso a su propia nostalgia. Además, no compartía el criterio de ella. Él no le echaba la culpa al pueblo por lo de Lito. «Lo de Lito y Graciela», solía aclarar para sus adentros. Su mujer nunca la nombraba. El viejo sí. Para adentro, pero la nombraba. Su mujer no. Jamás pronunciaba su nombre. También a ella, a Graciela, le echaba la culpa de lo de Lito. Al pueblo y a Graciela. El viejo no. De lo contrario, no habría vuelto.

El viejo había dudado, cuando murió su esposa, acerca de dónde enterrarla. Se decidió por Santa Fe, aunque él hubiera preferido el cementerio del pueblo. No lo hizo porque temió que para ella significase una especie de traición. Lamentó no haberlo hablado a tiempo, aunque también pensó que es muy difícil hablar de ciertas cosas. Y en verdad con su mujer era difícil hablar de todas las cosas.

Como de Lito y de Graciela. O del pueblo. Ella había preferido callar y odiar en silencio. Y desde lejos. Por eso Santa Fe.

Si al final se decidió por enterrarla en Santa Fe fue por eso que ella había dicho de no querer volver a pisar el pueblo nunca jamás, y el viejo pensó que tenía que respetárselo. Pero cuando pasaron unas semanas de su muerte el viejo decidió que ahora él podía elegir dónde vivir sin faltarle a nadie, y armó su valija y pegó la vuelta.

Había encontrado todo igual. Diez años y los mismos negocios sobre la calle principal. Los mismos juegos en la plaza. Faltaba su mujer, por supuesto. Y Lito. Los primeros días había tenido la sensación fea de que los demás cuchicheaban apenas él se alejaba dos pasos. Después se le pasó. A lo mejor no había sido cierto, eso de que murmuraran. O a lo mejor sí, y lo que había ocurrido era que una vez que todos se habían puesto recíprocamente al tanto de la historia del viejo se habían calmado y listo. A veces termina siendo bueno que la gente se aburra.

El viejo se había acomodado rápido en ese retorno al pago, y sus pocas rutinas simples lo habían ayudado. Unas compras diarias. El viaje quincenal a Santa Fe para visitar la tumba y emprolijarle los floreros y las flores. Al viejo le gusta hacer el viaje. Le pone algo distinto a la semana. Y le lleva todo el día. Y no lo entristece visitar el cementerio. Extraña mucho a su mujer, pero no es que la extrañe más de pie frente a la tumba que sentado en la galería de su casa, a la hora del mate. Como con Lito, que lo extraña en cualquier momento y en cualquier lado. De todos modos no puede comparar porque con Lito no tiene una tumba para ir a visitar, ni en el pueblo ni en otra parte. De Graciela tampoco hay tumba. Si hubiera, la visitaría. El viejo siente que le quedó trunca la curiosidad de conocerla. Ahora ya no puede. A Lito se le notaba cuánto la quería.

Ya llevo varias páginas escritas y temo haberme ido por las ramas. O no. Tal vez lo que ocurre simplemente es que mi temor inicial estaba plenamente justificado y lo que sucede es que esta historia no se deja contar y punto. Porque es todo tan intrincado, y tan antiguo, que he tenido que hablar del viejo, y de sus afectos idos, y del pueblo, y hasta del regimiento, y todavía tengo al viejo sentado en la tribuna, mirando ese partido de muchachitos, y nada de lo dicho parece acercarme lo suficiente al momento en el que el viejo, de una vez por todas, se pone de pie.

Y para peor no he dicho nada del muchacho. El muchacho, que es uno de los veintidós que juegan. Uno de los veintidós a los que el viejo mira desde la grada. Ya que entra en esta historia como jugador, tal vez corresponda describirlo primero como tal.

Juega de cinco. Tal vez le faltan unos centímetros de estatura y unos cuantos kilos de peso para dar la talla del cinco clásico, ese capaz de salir a mandar, a barrer y ordenar el medio. También es cierto que hay cincos y cincos, que existen los cincos de marca y los cincos de creación. Pero este chico es difícil de encasillar. Porque es hábil y ligero y uno podría entonces pensar que es un cinco creativo. Pero aparte mete y mete y entonces uno puede definirlo como un cinco de marca. Por eso el viejo le dedica más atención que a los otros. El viejo ha visto suficiente fútbol como para advertir que en general los tipos que saben, saben; y los que meten, meten. Pero este pibe parece pertenecer a ese género extraño de los que por un lado saben pero por otro meten. Esos jugadores distintos que aprovechan lo mucho que tienen y que suplen con huevos lo poco que les falta.

A los tres minutos de juego el muchachito ya le ha llamado la atención. En la primera o segunda pelota que tocó, en lugar de dar el pase cortito y hacia atrás, como hacen todos, encaró al cinco rival y lo gambeteó hacia adelante. Y en la siguiente, cuando tuvo que cortar un ataque de los contrarios, el pibe no dudó en poner la patita y trabar fuerte la bola, a sabiendas de que el delantero rival venía jugado e iba a llevárselo puesto. El viejo lo anticipó y lo vio, y también vio que cuando el árbitro pitó para él, se levantó, se sacudió la tierra del trasero y tocó rapidito para habilitar al diez. No se quejó, ni pidió tarjeta amarilla para el rival.

Y el viejo se lo agradeció.

Por eso el viejo lo mira. Porque ha detectado que es distinto. O tal vez empezó a mirarlo por eso, aunque ahora lo mire por otra cosa. Y por eso entrecierra los ojos. No sólo porque le molesta el reflejo del sol entre el nublado, sino porque tiene la curiosidad de conocerle mejor los rasgos. No lo ha visto antes. De eso está seguro. Por eso acaba de preguntarle a un vecino, que está sentado dos o tres escalones más abajo, quién es ese pibe que juega de cinco en el equipo de los rojos. El otro le ha contestado, después de consultarlo a su vez con otro, que es un pibe nuevo, cree, hijo de un milico del cuartel, le parece.

Ahí está lo que decíamos antes. Como el viejo es oriundo del pueblo y sus interlocutores también, le han dicho que es hijo de uno de los milicos. Nada de «suboficiales», o «personal del regimiento». Eso es todo y es suficiente. No le dan otros datos porque no los tienen. Comentan, eso sí, que tiene pinta de crack, y que no es común ver un jugador así, con esa edad, por esos pagos. Y tienen razón, piensa el viejo.

Pero hemos vuelto a salirnos del eje del asunto. ¿De dónde ha salido esta conversación del viejo con sus vecinos de tribuna? De la descripción del muchacho. De la semblanza del jugador que es el muchacho. Habrá que describirlo también físicamente, o decir algo de su historia. Algo que justifique definitivamente su inclusión en el relato.

Ya dijimos que es más bien menudo. También es ñato, y tiene los ojos muy negros y el pelo largo y enrulado. Eso es raro en los pibes del cuartel, pero a veces pasa, aunque casi nunca. En su casa se lo dicen, lo del pelo. Sobre todo ahora que viven de vuelta en las casitas de los suboficiales, esas que se ven, si uno mira, desde lo alto de la tribuna, hacia el este. «De vuelta» porque el muchacho es nacido ahí, aunque ha vivido lejos hasta hace un par de meses. Cosas de los destinos militares. Tres años en Corrientes, seis en Campo de Mayo, tres en La Pampa, tres más de nuevo en Buenos Aires.

Al pibe le han dicho que ese es su pueblo. Que es nacido ahí, en el regimiento, y eso es verdad. Pero al pibe no le gusta demasiado vivir ahí. Tal vez porque cada dos por tres lo molestan con eso de que se corte el pelo, y le dicen que queda mal. Tampoco es que lo tenga tan largo, piensa el muchacho. Pero igual lo tienen frito, en su casa, con eso. Que para entrar a la Fuerza va a tener que cortárselo sí o sí, le dicen, así que mejor que se acostumbre. Pero él se pone furioso, porque no quiere saber nada con ninguna de las dos cosas: ni con cortarse el pelo ni con entrar a la Fuerza. El pibe quiere nada más que jugar al fútbol. Jugar en serio. No se trata de que piense «quiero ser un jugador profesional y ganar mucho dinero». Es difícil que un chico de quince años piense las cosas así, con tantas palabras, con semejante profundidad de conceptos. Suponiendo que ser profesional y ganar mucho dinero sean conceptos profundos. No. El pibe simplemente sabe que los jugadores profesionales se pasan todos los días jugando a la pelota y él quiere eso para su propia vida, porque es lo que mejor hace y es lo que más le gusta.

Y además quiere dejar de andar de un lado para otro. Está bastante podrido con eso de cambiar de escuela y de barrio cada dos por tres. Y cambiar de amigos, más que nada.

Él no lo sabe. Nunca nadie sabe todas las cosas. Pero ese carácter itinerante de su crianza le ha venido estupendamente para perfeccionar su juego. Dentro de un tiempo alguien va a explicarle por qué. Va a señalarle que cuando se juega siempre con los mismos compañeros uno termina achanchándose, acostumbrándose, haciendo siempre lo mismo, resolviendo las jugadas siempre del mismo modo. Le explicará que cada quien juega lo que necesita, gambetea hasta donde le hace falta y listo. No aprende más. Y que en cambio, cuando uno juega con tipos nuevos, tiene sí o sí que esmerarse. Primero porque de entrada los demás piensan que sobra, que está de más. Y si uno quiere que le hagan un lugar tiene que ganárselo, que merecérselo. Y segundo porque de entrada a uno van a mirarlo torcido. No porque esos desconocidos sean mala gente. Pero lo van a mirar así y listo. Y tercero porque a uno no van a perdonarle nada. No le van a jugar livianito ni para que se luzca sino todo lo contrario. Le van a ir con todo, y tendrá que poner y poner y jugar y jugar, sin calentarse ni hacerse el dolorido ni el ofendido. Y que moverse, porque si uno se queda quieto no faltará el grandote que le tire todo el camión encima y le aplaste hasta las muelas. No se trata de que sean mala gente. Simplemente no lo conocen. Eso es todo. Después, con el tiempo, sí. Se harán amigos. Pero de entrada no. La macana será que si uno vive cambiando de pueblo carga siempre con el chiste ese de ser el nuevo.

Esa tarde, todavía, el pibe no sabe nada de esto. Lo ha vivido, pero no lo sabe. No es lo mismo vivir las cosas que saberlas. Parecen lo mismo, pero no lo son. Una cosa es que las cosas te sucedan y otra cosa es saber que te están sucediendo.

En todas las vidas hay cosas que no se saben. Que pasan sin que se sepan. Y algunas no se saben hasta que uno se da cuenta. Porque uno se da cuenta o porque se las dicen. O a veces sucede que cuando a uno se las dicen uno se da cuenta de que las sabía, o casi. Como eso de lo bueno que es haber cambiado de pueblo y de amigos para convertirse en un buen número cinco. El pibe no lo sabe, pero va a entenderlo cuando se lo digan. Y el que va a decírselo es el viejo. Ese viejo que está sentado en el vigésimo tablón, y que entrecierra los ojos porque le molesta el reflejo del sol entre las nubes. Ese viejo al que todavía no conoce, y que no lo conoce a él. Pero por poco, por un margen muy estrecho, por un tabique delgado que los separa de saberse y conocerse.

Y volvemos a recaer en el viejo. El viejo que mira el partido y que ha detectado al muchacho casi de entrada, cuando gambeteó con osadía y cuando apostó el físico para quitar un balón complicado. El viejo piensa que tiene talento. Ese chiquito, el cinco, el de rulos, el que viene del cuartel. Y como dándole la razón, el pibe de camiseta roja baja con delicadeza una pelota que le han jugado demasiado larga y arma una bonita pared con el volante por derecha.

Si el viejo fuese dado a la soberbia podría ufanarse de esa facilidad que tiene para entender el fútbol. Eso de advertir, de un vistazo nomás, que el de rulitos sabe. Pero el viejo es de esa gente que sabe sin necesidad de mostrar que sabe, o aun sin saber demasiado todo lo que sabe. Y eso no significa que el viejo sepa todo. De hecho, ignora cosas importantes. Tampoco para él vivir es lo mismo que saber.

Hago otra pausa para releer lo escrito y de nuevo me asalta la sospecha de que no hay modo de contar esta historia entera, cerrada y concluida. Porque todo lo dicho hasta aquí, pese a lo confuso y lo diverso, debería estar incluido en el cuento. Y sospecho que hay otro montón de cosas que se me escapan.

¿Cómo sería el final, por ejemplo? ¿Qué palabras usar para ese final? Hablé al principio del asombro del viejo. Un asombro nacido y crecido más allá de las palabras. Un asombro que le impide hablar. Un asombro que sólo le permite ponerse abruptamente de pie sobre la grada. ¿Cómo llegar a ese instante? Es cierto, si quiero ser optimista, que algunas cosas llevamos dichas. Tenemos al viejo en la tribuna, sentado. Tenemos al muchacho en la cancha, tal vez con la pelota en los pies. Desconocidos. Recíprocamente ajenos, los tenemos. Lo que poseen en común, si algo poseen, es que ignoran cosas. Bah, todos los mortales ignoran cosas, pero estos dos ignoran cosas importantes. Pero las ignoran por poco. No es que estén a años luz de la verdad. Ya dijimos que están separados por muros delgados de esa verdad.

Y el muchacho tiene la pelota en los pies. El viejo lo mira y entiende que va a hacer algo distinto. No va a revolearla sin ton ni son. No. El pibe no es de esos. El viejo está seguro y tiene razón. Cuando el rival más próximo se le viene encima, el pibe apoya la suela derecha sobre el balón y lo adelanta hacia el tipo que corre hacia él, tomando la precaución de no sacar el pie de la pelota. Y en el instante en que el otro adelante el pie para quitársela, el pibe de rulos retrocede la pierna y con ella la pelota. «Ole», se escucha, desde algún punto cercano al alambrado. El marcador desairado gira la cabeza y endereza el cuerpo, buscando al insolente. Lo encuentra sin dificultad, porque el flaquito no se ha movido. El único cambio es que ahora la pelota descansa bajo el otro pie. El marcador no quiere dejarlo pensar. Calcula que no se atreverá a repetir la maniobra y por eso se le va encima con todo lo que tiene y los pies para adelante. El pibe, que lo sabe antes de que suceda, le ha deslizado el balón por entre las piernas, y con un saltito se libra de la embestida furiosa. «Ole», vuelve a escucharse. Se oyen un par de risas en la tribuna. Unos aplausos sueltos. Ahora parece que el pibe va a meter el cambio de frente, porque mira hacia la posición del win izquierdo y señala el ángulo de la cancha, como indicándole que corra hacia allí, que se la tira con un derechazo de tres dedos.

Pero no es lo que va a ocurrir y el único que lo sabe, además del pibe de rulos, es el viejo. Lo sabe o empieza a saberlo. Entre los que no, entre lo que ignoran que va a suceder otra cosa, está el enfurecido marcador del pibe de rulos, que acaba de juramentarse para sus adentros que ese flaquito de rulos no va a salirse con la suya, y por eso lo embiste desde atrás con toda la rabia de que dispone y que es mucha.

Este es el momento en que los músculos del viejo acaban de tensarse. Todos los músculos del viejo. Y aunque sigue sentado, ya no entrecierra los ojos. Los tiene muy abiertos porque necesita ver lo que sigue. El viejo necesita determinar si lo que acaba de ver es una casualidad o no. Depende.

Si el chico, ahora, satisfecho con el doble lujo que acaba de dibujar, se la pasa nomás al once que pica por la punta, si se la tira nomás como su propio brazo extendido parece indicar que está a punto de hacer, listo, se acabó. No era nada. Simplemente el viejo acaba de presenciar una casualidad impresionante.

Pero también puede pasar otra cosa. Puede ocurrir que el pibe no meta el cambio de frente con un zapatazo de tres dedos. Puede que se quede ahí, de espaldas a su rival, con sonrisa de torero, esperando que el otro se componga y se le venga al humo y entonces le tire un caño de espaldas y con pisada, y un breve giro del cuerpo para recoger el balón del otro lado y ahora sí, tirar el pelotazo.

Pero si hace eso último el viejo no podrá permanecer sentado. Porque entonces querrá decir que las cosas no son como el viejo viene suponiendo que eran. Algunas sí, pero otras no. Porque no es la primera vez que el viejo ve esa jugada. Esa misma. La pisada, el caño, el amague del paso largo y otro caño, de espaldas, con pisada. Hace años que la ha visto. Quince, para ser exactos. Pero no desde la tribuna, no desde el vigésimo tablón en el que ahora está, todavía, sentado. Hace quince años la vio desde el alambre, porque Lito le decía que lo mirase desde ahí, desde el lateral, porque le gustaba tenerlo cerca para escucharle los consejos y el viejo le daba el gusto.

Era bueno, Lito. Muy bueno. Lito también era distinto. Cómo lo quería el viejo. No sólo porque fuera capaz de meter ese triplete imposible, aunque también. Y el pibe, el de rulos, sigue esperando. Claro que son sólo unos segundos. Tardo mucho más en contarlo que en que suceda. ¿Cuánto puede tardar un marcador en ponerse de pie y volverse hecho una furia hacia el flaquito que acaba de humillarlo? Pero por otro lado el tiempo es una experiencia subjetiva. Quince años pueden ser una eternidad o un suspiro, según sepamos o no sepamos el grosor del tabique que separa el saber del no saber lo que hemos vivido. Y nuestra identidad y nuestra herencia pueden yacer encriptadas en un peculiar encadenamiento del ácido de nuestras células, pero también y al mismo tiempo manifestarse en el modo único e irrepetible de hilvanar tres gambetas al hilo contra el mismo marcador y en la superficie de medio metro cuadrado de césped.

Supongo que aquí se acaba esta historia. Con el pibe de rulos, nacido en el regimiento, que toca la bola con una pisada hacia atrás, apenitas. Termina con el pibe de ojos renegridos quebrando la cintura para esquivar la locomotora enceguecida del rival que no puede evitar comerse el caño. Termina con el último «Ole» admirado de los veinte o treinta familiares regados por la tribuna. Termina con el viejo que ahora sí, enmudecido en su certeza, se pone de pie.

25 Abril 2014 ·

5 fotos increíbles del 12 de febrero de 2014

No voy a discutir en este post lo que pasó ayer, solo me impresionan las imágenes que salieron. 5 fotos de esas que ganan premios en cualquier concurso de periodismo del mundo.

Les debo los créditos porque las saque de Twitter y no sé la fuente exacta de ninguna (Con los fotógrafos siempre hay que aclarar la cosa de los créditos, son bien nazis con eso).

13 Febrero 2014 ·

¿Qué pasó con César Farías y quién viene al banco de la vinotinto?

Hace unas semanas conté aquí la oferta que hizo Rafael Esquivel a César Farías de renovar hasta el 2015. Esta fue ratificada tanto por Esquivel unos días después como por Farías en su carta de despedida.

Si el técnico hubiese tenido intención de irse luego del partido de Paraguay (como contó en la mencionada carta, llena de contradicciones y con una redacción envidiable para cualquier estudiante de tercer grado de primaria), habría hecho una rueda de prensa distinta. Llegaba y decía “Es todo muchachos, me voy, no se consiguió el objetivo, mucha suerte a todos”, pero no… Se quedó a justificar todos los detalles del juego y a hablar de la continuidad del ciclo.

Es decir, el 11 de octubre a las 7pm, consumada la ausencia de Venezuela de Brasil 2014, Farías no tenía intención de renunciar y estaba decidido a aceptar la ÚNICA oferta que tenía en ese momento: renovar con la FVF.

Luego pasaron una serie de acontecimientos que hicieron torcer la decisión federativa. Empezando por la subida de cuota de poder de Laureano González, Serafín Boutureira e Ignacio Sanglade ante las ausencias cada vez más prolongadas de Rafael Esquivel. La salud del presidente no ha estado del todo bien y el mencionado trío rueda la bola que el final de su mandato está más cerca de lo que muchos creen. El presidente cree que puede terminar su ciclo sin problemas, pero actualmente se encuentra de reposo en Margarita y, de hecho el jueves, por un error del speaker de la final de la Copa Venezuela, González fue presentado como “Presidente de la Federación Venezolana de Fútbol” al momento de entregar el trofeo. Estos tres venían calentándole la oreja a Esquivel desde hace tiempo para salir de Farías y el presidente cada día cedía más en su ideal inicial. Otro aliado de este trío es Jesús García Regalado, que aunque ya no pinta nada en la FVF, siempre es consultado por el presidente para las decisiones importantes. Y su consejo era el mismo: echar al técnico.

Justo por esos días cayó la bomba de la demanda en Argentina contra el seleccionador por paternidad irresponsable.

Inmediatamente, se le voltearon sus más firmes aliados, sus patrocinantes: Seguros La Vitalicia y Empresas Polar. Farías llegó a finales de octubre con su máximo defensor en pésimo estado de salud, con un intento de golpe de estado en el alto gobierno de la federación (siempre quise usar la frase “Alto gobierno” en algo, que emoción), con una demanda millonaria y sin patrocinantes respaldándolos. El plan que había trazado para que los medios y marcas pidiesen su renovación por aclamación popular se venía abajo.

Presidente y entrenador sostuvieron una conversación telefónica (no se han visto las caras desde el Venezuela x Paraguay) donde Esquivel deslizo que lo mejor era irse. Un poco golpeado moralmente, el entrenador ofreció algunas condiciones para su retirada sin cobrar el finiquito de inmediato, es decir, marcharse y seguir recibiendo su salario hasta agosto, porque, aunque muchos no lo crean, en Sabana Grande ahora mismo las finanzas no están muy bien.

El primer nombre que Farías puso sobre la mesa fue el del técnico del Táchira, su hermano Daniel. Cuando el técnico pronunció la letra “D”, ya Don Rafa había dicho que no.

Luego de algunos días, volvió la negociación y esta vez el ofrecido fue Eduardo Saragó. Esquivel, quien ya estaba en conversaciones con Richard Páez, pasó la opción a la plana mayor y esta no puso oposición. Farías habló directamente con Saragó y luego transmitió al presidente la propuesta final: el técnico rojo aceptaba ir con todo el cuerpo técnico actual de la selección y manteniendo a Rafael Dudamel y Ceferino Bencomo en las inferiores, un punto de honor que César había puesto entre las condiciones para aceptar su salida en cuotas –más que la selección, al entrenador le interesa Ciudad Vinotinto y que los muchachos que allí se forman sigan siendo defendiendo la camisa nacional en las categorías inferiores-.

En ese momento, principios de noviembre, la FVF parecía haber aceptado la propuesta y allí fue donde se le dio barra libre al Caracas con los arbitrajes. Si no recuerdo mal, fue justo después del partido contra el Atlético Venezuela. Querían que el nuevo entrenador asumiese en enero como campeón de todo. Saragó, quien tampoco es tonto, comenzó a hacer campaña por su lado y a día de hoy, la presión de Unión Radio Deportes poniendo su nombre como nuevo seleccionador aún es asfixiante. Cuenta además con un lobby feroz comandado por Nelson Carrero, que tampoco pinta mucho en las decisiones del fútbol nacional, pero hace bastante ruido.

César Farías aprovechó de entregar por email el cacareado informe sobre las selecciones nacionales: un documento de no más de 5 páginas donde en su mayoría contenía el resumen que le había mostrado a Daniel Prat en su última rueda de prensa en San Cristobal. Allí solo se comparaba en cuantas fechas estuvo en posición clasificatoria en relación al ciclo anterior. Una frase que está en ese informe todavía le genera risa hasta a la señora que limpia en la oficina de la Federación “La no presencia de Brasil en el premundial nos perjudicó para clasificarnos” (¿?).

También pidió un adelanto de sueldo, el cual le fue concedido (se le pagó hasta el mes de enero de 2014, adeudándole solo 6 meses de su contrato) y partió rumbo a Argentina.

Farías no fue a Argentina invitado por Fernando Niembro. Cualquiera que conozca mínimamente el fútbol de ese país sabe que Niembro no le paga un pasaje a nadie y cobra hasta por respirar. Aparecer en su programa no era sino parte de la campaña que el entrenador comenzaba a hacer para conseguir trabajo. Pero la principal razón de su viaje era resolver el mencionado problema legal con su hija, el cual obvio por varios años pero resolvió felizmente, para la niña, dos semanas después de que se hizo público. Ahora la pequeña Farías porteña goza de una pensión mensual.

Aunque el entrenador insista en que no tiene agente ni nadie que lo maneje, es obvio que ha estado trabajando con alguien que le hizo el lobby de prensa y clubes para empezar a sonar como técnico de cuanto equipo existiese. Y, cualquiera que conozca mínimamente el fútbol mexicano, sabe que allí no se entra por casualidad. Pasas por varios filtros que se quedan con una buena parte de lo que tú vas a cobrar. La película “Rudo y Cursi” ilustra un poco de manera cómica la cantidad de intereses que se mueven en lo que es el fútbol más poderoso del continente. El fútbol mexicano de hoy es el fútbol colombiano de los 80s.

En la rueda de prensa del lunes, donde Farías dice que no había ido a México a negociar –ni él ni su cuerpo técnico-, no estaba mintiendo. El entrenador no ha estado en México en los últimos meses. Justo después de Argentina tomó rumbo a San Diego, Estados Unidos, donde viven la directiva, técnicos, jugadores y más de la mitad de la afición de los Xolos de Tijuana. Nadie vive en Tijuana, así que el entrenador no tenía que hacer nada allá. El único famoso que vivía allí era el chino de la historia de Hangover 3, pero solo en la película y para esconderse de la policía.  Tijuana es como Cúcuta pero con más droga, prostitutas, casinos y dinero.

César regresó al país con un acuerdo cerrado con el equipo mexicano y solo vino a hacer que lo botarán para cobrar sus 6 meses íntegros; como buen venezolano que se respete que prefiere su liquidación por encima de su dignidad.

Ya de local se enteró del extraño giro que había dado la Federación, quienes estaban más entusiasmados en la idea de Richard Páez que en el acuerdo que habían alcanzado semanas atrás con Farías. Allí puso a sus periodistas a ejercer presión sobre su salida y el apoyo a Saragó. La FVF informa públicamente que la decisión del entrenador no se tocará hasta mayo. Esto no fue más que una movida gerencial, sabiendo ya de su acuerdo mexicano, que hacían para que el entrenador renunciase. Justo allí (últimos días de noviembre) los arbitrajes se le empezaron a torcer al Caracas. Ya parece que el equipo rojo no iba a ganar la Champions League este año.

Las malas lenguas dicen que lo de mayo también fue impulsado por Laureano González, quien está preparado al bate por si Esquivel ya no puede continuar y poder tomar la decisión solamente él. Repito que, esta idea, solamente existe en su cabeza ya que el actual presidente dice que llega hasta el final.

Harto de la situación y presionado desde México, César Farías hace pública su renuncia y da su rueda de prensa. Aparte de reportarse al equipo el día de hoy, el ex seleccionador nacional tenía otra razón de peso para definir su situación esta misma semana: las elecciones municipales del próximo domingo. Si Víctor Hugo Figueredo sale de la alcaldía del municipio Urbaneja del Estado Anzoátegui, se cae el proyecto “Ciudad Vinotinto”, donde Farías es socio, y con esto se destaparía la olla de todas las irregularidades en su construcción que han sido denunciadas en los últimos meses.

Pero, a día de hoy ¿Quién tiene más posibilidades de ser el próximo técnico de la selección nacional? González, quien ya se ve con la banda presidencial, quiso tirar una medida populista con Chita San Vicente, el técnico pedido por todos. De hecho pidió permiso a Esquivel para acercarse a él y este, astutamente –como la vez pasada-, le dejó la pelota picando en la cancha al técnico zamorano quien solito se echó tierra ante los medios esta semana. Solo un milagro y una bajada de pantalones en público harían que Chita asumiese el cargo. Pero tanto el presidente como su segundo a bordo saben que no tienen nada que criticarle y que sería una medida que los dejaría como reyes ante la opinión pública. Los problemas: Que el entrenador ceda en su orgullo y se siente a negociar, que le den un contrato más allá de la Copa América del 2015 –lo que Esquivel le está ofreciendo a todos- y que cambie algunas cosas en su actitud de trabajo, como por ejemplo, la accesibilidad para aparecer en los comerciales de los patrocinantes, cosa que nunca ha sido de su agrado.

Eduardo Saragó estaría prácticamente descartado por todo el olor a era Farías que traería consigo, aunque tiene todavía valedores dentro del ente rector de nuestro fútbol. Y, hay que decirlo, la presión mediática surtió efecto y uno que otro fanático ya lo pide. Más desde esta semana, cuando ha sido citado más que Mandela desde que salió campeón.

Rafael Dudamel solo asumiría por un interinato si la presión de González surte efecto y se llega hasta mayo sin técnico. Los partidos amistosos de marzo y la posibilidad de ser sparring de selecciones mundialistas en mayo estarían a su cargo llegado ese extremo. Pero, en la Federación, nadie piensa en él seriamente para ser él técnico definitivo.

Richard Páez, es, a día de hoy, quien más opciones tiene de asumir el puesto. Ha pactado ya con Esquivel e incluso cedió en el punto más conflictivo, pues aceptó no llevar a sus hermanos con él en su cuerpo técnico –dije hermanos, no hijo-. El tren directivo lo ve con buenos ojos y su mayor enemigo dentro de la Federación, Lino Alonso, se va con César Farías a México –o mejor dicho, San Diego, que es donde vivirán todos ellos-. Si logra el campeonato la semana próxima, no haría más sino sumar puntos a su favor.

Pero, lo más fuerte a favor de Páez es su cercana amistad con Carlos Martínez, Gerente de Mercadeo Deportivo de Empresas Polar. Esquivel busca un acercamiento con Polar desde hace meses para deshacer su gigantesca metida de pata y ve en esto una gran posibilidad.

Como dije en líneas anteriores, en la FVF no hay dinero. La plata que la FIFA repartirá esta semana entre todas sus federaciones afiliadas –como hace tradicionalmente en cada sorteo mundialista- está condonada debido a la deuda que se mantiene por el Proyecto Gol (ese edificio con el logo de la FVF que está en Porlamar) y los patrocinantes locales no van a aparecer hasta el 2015, cuando comience a venderse la Copa América de Chile. ¿Tienes un amigo en una agencia de publicidad? Pregúntale como se ha movido la preventa de medios este año. Si ni siquiera las marcas han puesto dinero fuerte para patrocinar en TV el mundial del fútbol, mucho menos lo están haciendo con la vinotinto en un año donde no se juega nada. La sustentabilidad de la FVF en el 2014 depende de la limosna que pueda tirarle PDVSA y de los amistosos que se saquen. Así que se busca desesperadamente quien tire unas pesetas al cochinito.

Si hubiese dinero, el elegido sería el Bolillo Gómez, un viejo sueño de Esquivel –y si me preguntan a mí, mío también-  pero la situación económica y la guerra de poderes que ha habido en nuestro fútbol lleva a esta situación. Me aseguran que la decisión final llegará en pocas semanas, no más allá del mes de enero, pero actualmente, la línea está así:

1)      Richard Páez

2)      Chita San Vicente

3)      Eduardo Saragó

De esos 3 nombres saldrá nuestro próximo seleccionador.

P.D.: Ya que Farías y sus amigos se mudan a San Diego, aprovecho para seguir haciendo promoción de mi blog turista recomendando mi lugar favorito de esa ciudad: El Kansas City BBQ, el restaurant donde grabaron Top Gun.

P.D2: Hablando de Farías. Como muchos saben, estuvo en la final de la Copa Venezuela en el Olímpico. Lo que ha sido poco difundido es lo que ocurrió cuando ya no había casi gente en el estadio. Un aficionado del Caracas le empezó a hacer gestos de llorón al ex seleccionador, el cual le pidió que se acercase. Cuando tuvo su cara cerca, le estampó un derechazo en la nariz que dejó al burlón sangrando en el suelo. Se armó un medio alboroto pero los 393043043 guardaespaldas que llevó el entrenador controlaron la situación. César se fue con su carita pelada, as usual.

6 Diciembre 2013 ·

Y así fue como no fue al mundial…

Érase una vez un talentoso jovenzuelo que jugaba al fútbol. Sobresalía en las categorías inferiores de su club y fue llamado a la selección sub 17 de su país, con la que consiguió clasificarse a un mundial.

Para proteger las identidades de los protagonistas, usaré nombres ficticios. Digamos, por ejemplo, que este futbolista se llamaba Ronaldo, y el entrenador de su selección, pongamos que se llamaba Rafael.

Rafael, “un hombre que sabe de códigos del fútbol” según dicen en la prensa, trataba de llevar a Ronaldo lo mejor que podía pese a que el muchacho se le estaba subiendo el éxito a la cabeza y él mucha paciencia para eso no tenía. En realidad no tenía mucha paciencia para nada. Ya en su época de jugador le había metido un pescozón a un compañero suyo en pleno partido que aún se recuerda con gracia.

En la última concentración previa al mundial, Ronaldo, “atropellado por el autobús de la fama” como diría Valdano, no tuvo mejor idea que meter a una fan a su habitación del hotel.

Rafael estalló con aquello, quería darle un buen susto al muchacho, hacerle ver lo grave de la situación. No quería echarlo del equipo pero si ponerlo en un aprieto. Tenía en la cabeza eso de “cuando un hijo se porta mal, lo castigas, no lo botas de la casa”, pero Ronaldo lo miró con su cara de farmaceuta de pueblo y soltó las palabras mágicas:

-          Profe ¿Por qué usted me regaña por meter mujeres en la habitación de la concentración si usted hace lo mismo?

Y así fue como Ronaldo no fue al mundial…

30 Octubre 2013 ·

Farías hasta el dos mil siempre

César Farías negocia su renovación como director técnico de la selección venezolana de fútbol. A pesar de las reiteradas declaraciones del propio entrenador anunciando que este sería su último ciclo mundialista, su intención es continuar. El lunes pasado, Rafael Esquivel le ofreció oficialmente la posibilidad, en principio, hasta la Copa América de Chile en el 2015. Esto es información, no opinión.

El día después, en su esperpéntica rueda de prensa posterior a la victoria ante Perú, Farías boicoteó su renovación cazándole la pelea a Pedro Carreño. En su declaración “dicotómica”, el seleccionador se refiere al diputado diciéndole “no le tengo miedo, ni a usted… ni al que esté detrás de usted”. La persona a la que alude es Adelis Chávez, presidente del Zamora FC y, a día de hoy, único obstáculo de Farías en su carrera al mundial de Rusia.

¿Cuál es el problema entre Chávez y Farías? No lo sé, pero intuyo que gente de lado y lado (como Chita Sanvicente y Jorge Pulido) tampoco ayudan a que las cosas mejoren.

Esquivel, quien el día antes –en la misma conversación donde se habló de la continuidad- había accedido finalmente a la petición del entrenador de llevar el Venezuela x Paraguay a San Cristóbal, enfureció con aquel arrebato televisado a nivel nacional con lo que precipitó la llegada al entorno Farías de Alberto Camardiel, antiguo periodista de RCTV, Sport Plus y Meridiano y hoy dedicado al mundo del patrocinio deportivo en el sector bancario.

Camardiel, muy próximo a Farías, tendrá un papel primordial en la tarea de convencimiento a patrocinantes de la vinotinto y medio de comunicación sobre la “necesidad de continuar con el proceso”. El periodista es un personaje respetado y querido tanto por gerentes de mercadeo como por sus colegas.

La tarea cuenta, desde ya, con la ayuda de varios comunicadores del círculo del entrenador. Esta semana se han podido ver mensajes en las redes sociales restándole su responsabilidad en las últimas presentaciones de la selección y desviándolas hacia Gabriel Cichero, el nuevo lucifer del fútbol nacional. La caminata de César del estadio hacia el hotel el martes no es otra cosa que parte de la campaña “El pueblo quiere al entrenador”. ¿No les parece una increíble coincidencia que tantos periodistas hayan cubierto el mitin luego de un largo día de trabajo bajo el asfixiante calor de Puerto La Cruz?

Tratar de hacer ver el recule de las palabras de César Farías como un favor a la nación era la idea principal del entrenador y presidente, previo al Pedro Carreño gate. En esto, Esquivel ya tiene un postgrado. Tan solo habría que recordar cómo fue la llegada de César Farías a la selección:

El 13 de diciembre de 2007, Rafael Esquivel y Noel Sanvicente, por entonces entrenador del Caracas F.C. y número uno en la preferencia popular para reemplazar a Richard Páez, almorzaron en el restaurant Urrutia de la Av. Francisco Solano para “negociar” la incorporación de Chita como DT. El presidente le hizo el ofrecimiento de un salario de 25 millones de los antiguos bolívares, lo mismo que devengaba en su club, para hacerse cargo de la selección. Aquel encuentro, cubierto además por los medios de comunicación, solo se trató de un paripé por parte de Esquivel. Pocas horas antes había acordado con César Farías su llegada a la FVF por 45 millones de bolívares al mes. La decisión fue hecha pública sin que hubiesen transcurrido 48 horas del almuerzo y con bastante polémica mediática. El salario del seleccionador sufrió varias modificaciones hasta llegar al actual: alrededor de 10 mil dólares mensuales (en moneda extranjera).

Visto esto, a nadie debería extrañar lo que se viene. Ni tampoco que se usen otros nombres, como en aquella época, para hacer ver que se negociaba con otros candidatos cuando la elección ya está hecha. Ojo a la información que probablemente circule en las próximas semanas de las “negociaciones” con un técnico extranjero, que terminará “negándose” para dar paso a la renovación del salvador.

Estos son los hechos, otra cosa es la opinión que podamos tener los seguidores.

Yo creo que César Farías tiene méritos deportivos suficientes para continuar en el cargo. Bajo su administración realizamos la mejor Copa América de nuestra historia, le ganamos por primera vez a Brasil y Argentina, clasificamos a dos mundiales juveniles y llegamos, por segundo premundial consecutivo, a la última fecha con chance matemático de clasificar a la máxima cita del fútbol. ¿Esas son razones para pedir su cabeza? Hay que pisar la tierra y aceptar que no somos una potencia mundial, que nuestro mejor futbolista –quien además anunció que se retira de la selección- juega en un equipo de nombre impronunciable y el que le sigue lo hace en un torneo que se disputa a 10 grados bajo cero y el cual nadie televisa fuera de ese país. La diferencia abismal entre nosotros y el resto de Sudamérica se evidenció en el Chile x Venezuela: Lucena, un jugador que entrena a diario en las canchas de La Guacamaya en Las Mercedes enfrentándose a gente que juega en el Barcelona y la Juventus. Esa es la realidad de nuestro fútbol. Lo que ha hecho Farías es un milagro. Todo esto es sin entrar al mundial, porque si se da el milagro del Papa Francisco y llegamos a la repesca, al entrenador habría que hacerle una autopista de Caracas a Cumaná con su nombre.

Otra cosa es el desgaste evidente de la relación Farías – periodistas – público, donde el entrenador y su actitud desafiante ha tenido mucho que ver. También es cierto que a Farías nadie le quiso desde el primer día y gran parte de la fanaticada ha estado esperando siempre que resbale para caerle encima, pero esta situación parecía haber quedado aparcada en el 2011, tras la Copa América de Argentina, donde el DT se ganó a pulso el respeto de todo el país. Si el vínculo se volvió a deteriorar a partir de allí, fue en gran parte culpa de Farías, su ego y su Twitter.

Sumando y restando y analizando el panorama actual, yo soy de la opinión de que es hora de cortar la era Farías, dejar el tonto nacionalismo y apostar por un técnico extranjero. Si Colombia, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Chile y Perú lo han hecho, con grandes resultados en el pasado ¿Por qué nosotros no? ¿Qué es lo que hemos ganado a nivel internacional que hace que nuestra selección tenga que desechar de manera sistemática a los entrenadores foráneos? Solo Brasil se puede permitir ese lujo y ellos han ganado algo más que nosotros. 

Salvo Richard Páez, nuestros entrenadores no han ganado afuera. Los equipos venezolanos son el hazmerreír de los torneos internacionales. No hay nada que me diga que un DT nacional puede hacerlo mejor que Páez o Farías. Y además, nuestras dos últimas experiencias con técnicos extranjeros han sido enriquecedoras para nuestro fútbol.

Nombres como Borghi, Carpegiani, Markarian, Pekerman, Sampaoli, Maturana o Bolillo Gómez yo los veo con simpatía. Bielsa, Tábarez o Pellegrini son inalcanzables. Yo esperaría a que termine el mundial de Brasil y ver como queda el mercado, porque seguro algo se pesca. Pero es solo mi opinión y también hay otra realidad: el premundial se acaba en menos de un mes y los patrocinantes no volverán a aparecer por Sabana Grande hasta dentro de dos años, cuando comience de nuevo la carrera mundialista. La única plata que queda en la federación es, aparte de para comprar la nueva sede –negociaciones que se encuentran avanzadas-, para extender el ciclo de Farías.

P.D: Horas después de publicado este post, apareció esta noticia. Venta de humo ON.

P.D.2: 

13 Septiembre 2013 ·

memoriasdemarxalenes:

Los chinos sí que saben jugar a fútbol

memoriasdemarxalenes:

Los chinos sí que saben jugar a fútbol

13 Septiembre 2013 ·

La delgada línea entre el periodismo y la amistad

Un tipo que suelo citar por aquí me dijo hace un tiempo “Yo no soy amigo de políticos. Ni los llamo en su cumpleaños ni salgo a tomar con ellos. Son mi fuente, me dan información, pero hay que poner distancia”. Es periodista de la fuente política. Citando a José Ramón de La Morena “Su amistad es más peligrosa que la de la mafia, porque luego te harán favores que no podrás pagarles”.

Víctor Hugo Morales, famoso por inmortalizar el gol de Maradona a los ingleses en el 86 y hoy discutido por la mitad de la Argentina, siempre cuenta que con Diego no ha compartido más allá de un saludo. Con Messi, tres cuartos de lo mismo. Escuche una entrevista dónde decía que un día estaba en un restaurant, se sentó Maradona en la mesa de al lado y él se fue sin terminar de comer. Su regla es que no íntima con futbolistas ni propicia situaciones que se presten a eso.

Y en estos últimos días, vi un tweet de un periodista futbolero cuyo nombre no recuerdo ahora “Mis únicos amigos en la profesión, son los que ya estaban desde antes”.

Todo esto viene porque en estas últimas semanas he visto dos casos que me dan un poco de vergüenza ajena. Uno de ellos es en el fútbol venezolano, donde más que periodistas parece haber un clan de robots dirigidos por César Farías, Ceferino Bencomo y Chita Sanvicente. Tres vertientes del pensamiento universal.

Da un poco de pena leer los argumentos de personas que solo defienden a su entrenador amigo. Un periodista está para contar la noticia. También los hay quienes opinan, pero ya queda de parte de la gente saber diferenciar cuando hay información y cuando hay opinión. Estos individuos del club de amigos, cuyo único interés es en caerle bien al entrenador patrocinado, ser el primero en recibir un chisme malsano de los DT enemigos del suyo, recibir de vez en cuando un RT y ufanarse de que está comiendo una parrilla viendo la final de la Champions con su apoderado, simplemente dan lástima.

Chita Sanvicente, quien no es santo de mi devoción, se fue del Caracas hace unos años y recomendó para el puesto a Ceferino Bencomo. Su relación era bastante buena hasta que al segundo partido apareció aquella pancarta de “Chita, ídolo eterno”. Allí la cosa se torció, Ceferino se picó y Chita no aguanto dos pedidas para seguirle el juego. Como ninguno de los dos es suficientemente valiente como para ir a casa del otro a preguntarle “¿Qué es lo tuyo? Sapo” entonces usaron a su #tropa para mandarse mensajes. El fin de semana, Zamora ganó el clausura y los “análisis” en la prensa no parecían basados en la campaña del equipo sino en que Chita era mucho mejor que Bencomo, quien no tiene vela en ese entierro y ya estaba con el incendio en la puerta de la casa.

El martes, en una decisión esperada pero no por eso celebrada, el Caracas renovó a Ceferino Bencomo. El sector de la prensa mamadora del club no tuvo mejor oportunidad para desquitarse de la afrenta que sufrieron el lunes leyendo los periódicos y empezaron a justificar lo injustificable. A hablar de los éxitos de Ceferino Bencomo a nivel deportivo -que no existen- para mantener el parapeto. El equipo tiene una política, que puede ser discutible, pero es efectiva. Actualmente prefieren exhibir jugadores y venderlos en el exterior que ganar títulos. A mí me parece hasta sano, visto desde el punto de la sustentabilidad en el futuro. El hecho es que Ceferino Bencomo nada tiene que ver en este lineamiento, el club va en esa dirección y va a seguir vendiendo jugadores esté quien esté allí. Él simplemente sigue las directrices que aceptó en un principio. No es un éxito suyo sino de la directiva, por lo tanto, no se puede justiciar su permanencia hablando de su éxito.

Hoy, Philip Valentinier, haciendo gala de su bipolaridad gerencial, deshizo el trato con el cuerpo técnico y los mando a todos a la calle. ¡En que situación tan complicada dejó a los periodistas! Imagínense ustedes ¿A quién defendemos? ¿A nuestro patrón o a nuestro amigo el entrenador? Estos tipos, incapaces de diferenciar entre la amistad, el medio al que representan, lo que piensan y la publicidad, han hecho el ridículo hoy tratando de arreglar el desastre que habían montado el martes. Qué lamentable es no tener una opinión sólida sino transmitir los dictados del jefe. Si al menos este tuviese un criterio constante tal vez no quedarías al descubierto, pero sí cambia de parecer de la noche a la mañana es muy difícil no quedar como un tonto.

Lo peor de los Ceferinistas y Chitistas, es que son los primeros que ponen el grito en el cielo cuando salen los Fariístas, que ya eran bastante lamentables de por sí.

Me indigna un poco porque se trata quizás del sector más “independiente” de la prensa. El periodista deportivo goza de cierta simpatía entre la gente porque, básicamente, se encarga de transmitir noticias felices. Una clasificación a un mundial es recordada con más cariño que una devaluación. El periodista deportivo tiene un poder basado en su talento y la confianza del público, apoyado también por la repercusión del medio en el que trabaja. Pero eso es todo. Luego de allí es libre. Un periodista de política está siempre atado a la ideología del medio donde se desempeña (aquí y donde sea). Un periodista de economía calla más de lo que dice porque tiene el poder de dejar hacer perder mucho dinero a alguien por una información mal contada. Pero, un periodista deportivo ¿A qué le teme? ¿A quedarse sin trabajo? ¡Pero si estos trabajan en 5 medios a la vez! Nada peor que olvidarse del fin de tu carrera y privilegiar el defender a tus amigos.

A un punto más sentimental ¿Crees que le estás haciendo bien a tu “amigo”? A los amigos se les tiene para quererlos, para pasarla bien, para pelear con ellos y contentarte, para apoyar y para señalarle cuando están haciendo algo mal. Salir a defender a tu amigo sin argumentos y solo transmitir lo que él te envía a decir, no es la definición de amistad más sensata que yo haya visto.

El otro caso, que lleva más semanas analizando, es el del periodismo del rock en nuestro país, si es que existe como tal. Los lanzamientos discográficos de los últimos tiempos me han hecho dudar del criterio de esta nueva generación de comunicadores ¿Todos los discos que se lanzan son el mejor disco de los últimos años? ¿Todas las semanas tenemos el mejor disco de la historia?

Ya sé que la música es una de las cosas más subjetivas que existe y hacer una opinión “objetiva” es imposible. Pero, al menos, ¿Podrías argumentar lo que estás diciendo? Si esta banda te parece tan buena y este disco tan genial ¿podrías decirme por qué más allá del “Es arrechísimo”?

El periodismo de rock no existe en nuestro país. Solo hay clubes de fans trabajando en los medios. Reto a que una sola persona me hable de una opinión argumentada sobre algún disco o show de los últimos 12 meses que no huela a baba. Ya no hay reseñas, solo masturbaciones tipeadas en el Microsoft Word. No hay opinión radial, solo amigos alabándose entre sí ¡Que daño están haciendo! Un artista no se crece en las alabanzas, se crece en las situaciones adversas. Las mejores canciones nacen de despechos y las mejores obras de gente perturbada. No hay nada más triste que un artista feliz. Un artista en situación de confort se estanca, no produce nada nuevo y su creatividad se desvanece. Es lo que le pasa a cualquier persona a la cual nunca se le señalo sus defectos.

image

Yo espero que la nueva generación de comunicadores salve el desastre que están haciendo estos. Tengo confianza en los que vienen detrás, con más herramientas y mejor preparados, con el mundo al alcance de sus manos para poder arreglar todo esto. Ojala la contaminación actual no los atrape y puedan convertirse en periodistas en vez de militantes.

16 Mayo 2013 ·

Publicidad descarada

Tengo un nuevo blog de turismo, de sitios a los que he ido y recomiendo (o digo que son bastardos). Deberías visitarlo aunque sea por lástima. Gracias!

http://b.planetrufi.com/turista/

2 Abril 2013 ·

Tomado ahora mismo, de manera rudimentaria (el cel que tengo ahorita no hace screenshots, bote mi iphone, se me daño el blackberry, mi vida es un desastre…) el avatar en Whatsapp de nuestro seleccionador nacional. Y después dicen que no se volvió loco…
Gracias a Mikel Oñatibia por echarme el pitazo.

Tomado ahora mismo, de manera rudimentaria (el cel que tengo ahorita no hace screenshots, bote mi iphone, se me daño el blackberry, mi vida es un desastre…) el avatar en Whatsapp de nuestro seleccionador nacional. Y después dicen que no se volvió loco

Gracias a Mikel Oñatibia por echarme el pitazo.

29 Marzo 2013 ·

Sobre mi

Soy experto en opinar sobre cualquier tema sin base alguna.

  • Turista de día, patriota de noche
  • Twitter
  • about.me
  • 500px
  • Instagram
  • OidosSucios
  • Flickr